
Autodeportación deja en limbo a Adolescente.
Mientras su familia se autodeporta, este adolescente deja atrás a sus amigos, su iglesia y sus sueños educativos
Por Jessie Gómez, Chalkbeat Newark
Por esta misma época el año pasado, Bruno estaba escogiendo una mochila nueva, preguntándoles a sus amigos por los horarios de clases de su penúltimo año, y comenzando cursos universitarios a través de su escuela secundaria en Newark.
El joven de 16 años debería estar preparándose para su primer día de último año, pero en cambio está empacando sus maletas para regresar a Brasil.

Bruno y su familia, que llegaron a Estados Unidos en 2022 en busca de una vida mejor, se han sentido cada vez más alarmados por la ofensiva migratoria del gobierno de Trump. Tras meses de consultas con su abogado de inmigración, sus padres decidieron que irse por cuenta propia, en lugar de esperar a ser deportados, le daría a Bruno y a su hermana de 14 años la mejor oportunidad de regresar algún día a Estados Unidos.
“Nuestro sueño es que nuestros hijos terminen su educación y vayan a la universidad”, dijo Lourdes, la mamá de Bruno, a Chalkbeat en portugués. (Chalkbeat identifica a Bruno y a Lourdes solo con sus primeros nombres debido a los riesgos asociados con su estatus migratorio.) “Somos solo padres trabajadores. No deberíamos tener que vivir con miedo de ser perseguidos por ICE”.
Bruno dejará atrás a sus amigos, la iglesia a la que sirve y su pasión por hacer películas. Pero la apuesta de su familia tiene el mayor impacto en su educación.
Inmigrantes de todo el país enfrentan el dilema de quedarse y arriesgarse a ser detenidos por agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), o regresar a sus países de origen y enfrentar un futuro incierto. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha dicho que más de un millón de inmigrantes han optado por la salida voluntaria desde que el presidente Donald Trump asumió el cargo, la opción legal que permite a las personas abandonar el país por su cuenta antes de una fecha límite establecida. Para la familia de Bruno, la decisión será un contratiempo más en su trayectoria educativa.

La pandemia, la mudanza a un nuevo país y el aprendizaje del inglés ya habían interrumpido la educación de Bruno desde primaria hasta secundaria. Ahora, regresar a Brasil podría hacer añicos el cronograma de su educación y anular sus cursos, tanto en la preparatoria como en la universidad.
También significa que Bruno no podrá elegir entre asistir al seminario o ir a la universidad para estudiar cine o biología. Tampoco podrá ir de compras para conseguir un esmoquin para su baile de graduación, ni obtener su diploma de secundaria y un título asociado en junio.
Muchas de las personas que he conocido en Estados Unidos son “muy importantes para mí… y además tengo más oportunidades aquí que en Brasil”.
Los padres esperan que la autodeportación ayude al futuro de sus hijos
A principios de este año, los padres de Bruno recibieron por correo una citación migratoria para una reunión. La familia estaba a la espera del fallo de un juez sobre su caso, pero mientras tanto, seguían siendo indocumentados.
Hubo amigos de la familia que recibieron cartas similares y terminaron deportados. El número de arrestos y deportaciones de ICE aumentó en Nueva Jersey durante el verano. Y les preocupaba que ser deportados les dificultará a sus hijos conseguir visas de estudiante estadounidenses más adelante.

Bruno es un miembro activo de la Iglesia Católica Romana Saint James en Newark, Nueva Jersey. (Chi Tian / Chalkbeat)
Una orden de deportación también conlleva una prohibición de reingreso, un período determinado durante el cual una persona no puede volver a entrar al país, aunque los detalles de esa prohibición pueden variar.

Por eso solicitaron la salida voluntaria en lugar de esperar a que ICE decidiera su caso por ellos.
Aun así, Priscilla Monico Marin, directora ejecutiva del New Jersey Consortium for Immigrant Children (Consorcio de Nueva Jersey para Niños Inmigrantes), advirtió que la autodeportación no garantiza beneficios futuros y conlleva riesgos.
“Una cosa es ser deportado y caer en las sombras, pero otra muy distinta es que te den el beneficio de la salida voluntaria y no aprovecharlo”, dijo Monico Marin.
En un principio, la familia debía irse en mayo, pero Lourdes pidió más tiempo para que Bruno pudiera terminar su penúltimo año. El gobierno federal les dio hasta el 3 de agosto para partir, y se suponía que recibirían los boletos de avión el 20 de julio. Pero los boletos nunca llegaron, y ahora la familia se ha impuesto la fecha límite de octubre para irse, con o sin ellos.
“Si nos quedáramos aquí sin autorización, mi esposo y yo podríamos ser arrestados, lo que complicaría las cosas y haría que nuestros hijos se sintieran aún más tristes de lo que ya están”, dijo Lourdes.
Mientras tanto, Bruno va al gimnasio, ayuda en la iglesia y trabaja con su papá, mientras sus amigos regresan a la escuela. También disfruta caminar por el Ironbound, su vecindario en Newark, pero tiene que llevar su pasaporte consigo por si acaso ICE anda cerca.

“Mi mamá, algunos días no confía en que camine solo”, dijo Bruno.
Lo que pierde un estudiante al dejar Estados Unidos
Bruno solía pasar sus mañanas en East Side High School tomando clases y haciendo documentales con amigos a través de un club escolar donde lideraba el equipo de producción de video.
Por las tardes, tomaba clases en Essex County College. Iba camino a obtener su diploma de preparatoria y un título asociado en junio de 2027.
“Extraño a todos allá”, dijo Bruno.
En Brasil, el año escolar normalmente va de febrero a diciembre, dijo Bruno. Así que llegar en octubre lo ubicaría hacia el final del año escolar brasileño. Bruno dice que probablemente tendrá que repetir su penúltimo año desde cero.

Bruno posa para una foto afuera de East Side High School el 29 de julio de 2026, en Newark, Nueva Jersey. (Chi Tian / Chalkbeat)
Tras las interrupciones educativas relacionadas con la pandemia en Brasil, Bruno llegó a Newark a mitad del séptimo grado, pero dijo que “no hablaba inglés, así que no podía entender nada”. Bruno contó que realmente no empezó a aprender inglés ni el contenido de las clases sino hasta su primer año en su secundaria East Side High School.

A pesar de todo eso, Bruno se muestra optimista de que las cosas mejorarán y de que se mantendrá en contacto con sus amigos: “Voy a tratar de hablar con ellos a veces por Instagram, WhatsApp. Así que estoy tratando de imaginar qué cosas buenas pueden pasar”.
Los planes de Bruno una vez que esté de vuelta en Brasil son modestos. Además de inscribirse en la escuela y buscar trabajo, quiere seguir sirviendo como monaguillo. Ha desempeñado ese papel en la Iglesia Católica Romana Saint James de Newark, que ha sido una fuerza estabilizadora en su vida y ha reafirmado su fe.
Espera poder regresar a Estados Unidos desde Brasil “algún día”.
Esta traducción fue proporcionada por Americano Newspaper, en asociación con el Centro de Medios Cooperativos de la Universidad Estatal de Montclair, y cuenta con el apoyo financiero del Consorcio de Información Cívica de NJ. La historia fue escrita originalmente en inglés por Chalkbeat Newark , y se vuelve a publicar en virtud de un acuerdo especial para compartir contenido a través del Servicio de noticias de traducción al español de NJ News Commons.

This translation was provided by Americano Newspaper, in association with the Center for Cooperative Media at Montclair State University, and is financially supported by the NJ Civic Information Consortium. The story was originally written in English by Chalkbeat Newark, and is republished under a special content-sharing agreement through the NJ News Commons’ Spanish Translation News Service.


