
Médico de NJ te ayuda a morir, pero tiene un costo altísimo.
¿Ángel de la misericordia o depredador de familias desesperadas? La controversia en torno al “médico de la muerte” de Nueva Jersey.
Por Brianna Kudisch, NJ.com.- Traducción de Valesca Ricardo
Algo andaba mal con Barbara Goodfriend.
Su misterioso deterioro se produjo de manera rápida e implacable en 2024, como un tren de carga que se precipita hacia su destino.
Antes energética y en buena forma, la viuda de repente tenía dificultades para tragar. Comenzó a tropezar y caer, y sufría dolores de espalda inexplicables.

“Mi mamá siempre fue una persona muy vibrante y activa. Y había perdido ese brillo, esa chispa de energía”, dijo su hija Carol Abolafia.
Una búsqueda de dos meses terminó en septiembre de 2024. Goodfriend tenía ELA: esclerosis lateral amiotrófica.
Pronto quedaría atrapada dentro de su propio cuerpo mientras este se apagaba lentamente. Dependería de una silla de ruedas para moverse, de un tubo de alimentación para comer y de un ventilador para respirar. Pero la elegante mujer que rara vez salía de casa sin ponerse labial no quería ninguna parte de la parálisis y el sufrimiento que inevitablemente la esperaban.
Goodfriend, de 83 años, decidió morir en lugar de seguir un tratamiento.
Así que en el día que eligió, en noviembre de 2024, aquella agraciada mujer de sonrisa luminosa y cabello castaño con corte bob, una empresaria que alguna vez dirigió un exclusivo negocio de ropa de cama personalizada, exhaló su último aliento en su hogar de Voorhees.
“¿La extraño terriblemente? Sí”, compartió Abolafia. “¿Desearía que se hubiera quedado un poco más? No. Porque eso no era lo que ella quería”.
Fue un caso ejemplar de cómo debe funcionar la ley de ayuda médica para morir de Nueva Jersey, según los defensores de esta práctica. Al ofrecer a los enfermos terminales una muerte tranquila con solo una receta médica, la Ayuda Médica para Morir (MAID, por sus siglas en inglés) le dio a Goodfriend un final sin dolor, en sus propios términos y rodeada de su familia, según cuenta Abolafia.
Pero una muerte digna no es barata. La doctora Robin Plumer, la especialista que supervisó su caso, cobra hasta $8,000.
En los siete años transcurridos desde que la MAID fue legalizada en Nueva Jersey, ha emergido una industria invisible, según reveló una investigación de siete meses llevada a cabo por NJ.com. Esta práctica controversial se ha convertido en una especialidad de nicho que opera, con frecuencia, en las sombras. Menos de una docena de médicos y apenas un puñado de farmacias en todo el estado están dispuestos a asistir a pacientes terminales en el proceso de morir.

Carol Abolafia sostiene una foto de su madre, Barbara Goodfriend, en su casa de Filadelfia. Goodfriend optó por la ayuda médica para morir tras ser diagnosticada con ELA. Joe Warner | Para NJ.com
Fue así que en 2020, Plumer fundó la primera consulta médica del estado dedicada exclusivamente a la MAID. Al hacerlo, creó un mercado especializado para la muerte asistida en Nueva Jersey, uno que incluye servicio de conserje y precios elevados.

Desde entonces, ha supervisado aproximadamente la mitad de los 409 casos de muerte asistida por un médico registrados en el estado entre 2019 y 2024.
“Se puede notar que dedico mucho tiempo y energía a trabajar con mis pacientes”, afirmó Plumer. “Y al igual que cualquier otro especialista, queremos ser remunerados por nuestro tiempo”.
Pero los críticos sostienen que Plumer, de 68 años, ha prácticamente convertido la muerte en una mercancía. La empaqueta como un agente de viajes, dicen, aprovechándose del terror de los enfermos terminales y de la desesperación de sus familias en un momento de extrema fragilidad.
“Es simplemente repugnante”, dijo el doctor Craig Blinderman, jefe del servicio de atención de apoyo del Memorial Sloan Kettering Cancer Center en Manhattan. “Es utilizar completamente a los pacientes más vulnerables para, ya saben, ganar más dinero”.
Las consultas especializadas en MAID siguen siendo un tema tabú, incluso entre quienes apoyan la muerte asistida. Por ejemplo, la MAID es legal en Washington D.C. Sin embargo, allí está prohibido que los médicos que dirigen consultas especializadas puedan recetar el cóctel de medicamentos.
Pero Plumer y Jillian Policastro —una enfermera registrada del condado de Bergen— afirman que identificaron una necesidad insatisfecha de profesionales de la salud altruistas. También vislumbraron un mercado sin explotar.
Policastro abrió Tranquil Transitions in NJ en diciembre de 2025 como una consulta de enfermería privada. Sirve como puente emocional y logístico entre los pacientes terminales que buscan la MAID y los pocos médicos del estado que participan en ella, según explica.

Son pacientes como Goodfriend.
Su muerte asistida fue inusual por la rapidez con que se concretó, según Abolafia. Goodfriend murió apenas dos meses después de su diagnóstico.
“Podría haberse quedado mucho más tiempo, pero no quería seguir adelante”, dijo Abolafia.

La Dra. Robin Plumer en su consulta a domicilio en Cherry Hill. En 2020, puso en marcha la primera consulta médica de Nueva Jersey dedicada exclusivamente a la muerte asistida por un médico.f
‘Buenas muertes’
La doctora Robin Plumer no es ajena a la muerte.
Ha sido testigo de la forma en que ésta atrapa a las personas, muchas veces sin previo aviso.
Ataques cardíacos. Accidentes de tránsito. Cáncer. Insuficiencias pulmonar y cardiovascular. Accidentes cerebrovasculares, quemaduras e infecciones. Lo ha visto todo llegar al hospital en un caótico torrente.
Eran “malas muertes”, como las llama la ex médica de urgencias. Dolorosas. Traumáticas. Cargadas de terror.
Y le dejaron una impresión duradera.
Plumer ejerció durante años en salas de emergencias del sur de Nueva Jersey y luego en Nueva Zelanda por aproximadamente una década. Allí comenzó a estudiar medicina paliativa y de hospicio antes de regresar a Nueva Jersey en 2017 para cuidar a su padre enfermo, Arthur, quien padecía la enfermedad de Parkinson.
Entonces conoció un nuevo enfoque para los cuidados al final de la vida: la muerte médicamente asistida.
“Buenas muertes”, como ella las llama. Íntimas. Reconfortantes. Meticulosamente planificadas.
Plumer fundó Compassionate Endings NJ desde su hogar en Cherry Hill unos años después.
Actualmente, tres médicos, seis enfermeros, una trabajadora social a tiempo parcial y una contadora trabajan en la consulta. Compassionate Endings está en proceso de incorporar a un cuarto médico, según afirma.
La doctora, de carácter directo, luce el cabello corto canoso y usa lentes. Habla con rapidez y franqueza, con la firme convicción de estar haciendo lo correcto. No se disculpa por su práctica, por el servicio de conserje que ofrece ni por los altos precios que cobra.
Y está cómoda siendo el rostro de la muerte asistida en Nueva Jersey. Solo que no la llamen suicidio.
“Me hace estremecer escuchar que la gente se refiere a la ayuda médica para morir de esa manera, como suicidio asistido por un médico, porque no lo es”, dijo Plumer.

La Dra. Robin Plumer ejerció la medicina de urgencias durante años en el sur de Nueva Jersey y posteriormente en Nueva Zelanda. Joe Warner | Para NJ.com
En términos generales, sus pacientes son personas blancas adineradas y con estudios universitarios que padecen cáncer o enfermedades neurodegenerativas. Sus edades abarcan un amplio rango: desde los 50 hasta los 80 años y más.

A mediados de diciembre de 2025, su consulta ya había supervisado casi 90 muertes por MAID en el año, según indica.
“Es un aumento enorme, ¿verdad?”, dijo Plumer.
Esas personas eran enfermas terminales, no personas con tendencias suicidas, sostiene. No tenían opción entre vivir o morir.
Entonces, ¿por qué hacerlas sufrir innecesariamente?, pregunta. ¿Y a quién no le gustaría tener a alguien a su lado en sus últimas horas, como guía, como presencia reconfortante? Alguien que coordine los últimos detalles, no solo para el moribundo, sino también para sus seres queridos en duelo.
“He tenido algunos pacientes hombres que me han dicho: ‘Si esta ley no existiera y no pudiera recibir ayuda para morir, definitivamente me pegaría un tiro en la cabeza'”, dijo Plumer. “Pero piensen en lo traumático que eso sería para la familia, ¿no?”.
La parte estrictamente médica de la muerte asistida es bastante modesta. No se requiere la presencia de un profesional de la salud como Plumer en el día de la muerte. De hecho, los pacientes deben autoadministrarse el cóctel de MAID porque la eutanasia —cuando un médico administra los medicamentos letales— es ilegal en Estados Unidos.
En cambio, el verdadero valor que ofrece Plumer es la presencia y la autoridad que aporta, según ella misma dice. Es en parte confidente y en parte facilitadora. Recopila los expedientes médicos para calificar a un paciente para la MAID. Con frecuencia, encuentra al segundo médico que debe realizar la consulta —requerida por ley para verificar el diagnóstico terminal— y redacta la receta. En los días y semanas previos al día elegido, se comunica regularmente con sus pacientes y está disponible prácticamente las 24 horas del día, los siete días de la semana.
“Es un día bastante intenso, como pueden imaginar”, dijo Plumer. “Hay mucho estrés para la familia. Y para mis familias, sienten un gran alivio cuando se enteran de que habrá una persona del ámbito médico presente para encargarse de ese aspecto”.
Pero ese tipo de servicio tiene un precio elevado.

Barbara Goodfriend posa mientras espera para acudir a una cita médica en agosto de 2024. Poco después de que se tomara esta foto, los médicos le comunicaron que podría padecer ELA. Falleció tres meses después. Foto cortesía de Carol Abolafia
¿Misericordia o ‘mina de oro’?
Plumer se negó a revelar exactamente cuánto cobra porque varía según el caso.
Sin embargo, en general factura menos de $8,000, dice. Aunque no acepta seguros médicos, trabaja con pacientes que no pueden pagar su tarifa habitual, “y no rechazamos a nadie por eso”, afirmó Plumer.
Pero con el servicio de conserje llega el acceso exclusivo… y precios más altos.
“Si quieres ese tipo de servicio, va a tener un costo”, dijo Plumer. “Si no lo quieres, no tienes que pagarlo. Entonces no tendrás ese nivel de acceso”.
Tranquil Transitions en Nueva Jersey, la compañía de Policastro, cobra una tarifa única de $4,999 por un contrato de seis meses que incluye visitas semanales y coordinación de cuidados.

Una mujer con cáncer de páncreas recurrió recientemente a ella, devastada porque los médicos que la habían atendido durante más de 15 años no querían tener nada que ver con la MAID.
“Simplemente no está bien”, dijo Policastro. “Los pacientes deberían poder pasar sus últimos días en paz sin tener que preocuparse por encontrar un médico que les recete un medicamento para terminar con su vida”.
La ex enfermera hospitalaria y de hospicio completa la documentación, ayuda con los trámites funerarios y busca a los médicos que deben avalar la MAID, ya que Policastro no puede actuar como médico prescriptor ni como médico consultor, según lo exige la ley.
Ella tampoco acepta seguros médicos. Los fondos federales, incluido Medicare, no pueden utilizarse para la MAID. Algunos seguros privados la cubren caso por caso, al igual que cualquier otro procedimiento médico, según la organización Death with Dignity.

Investigadores de Rutgers encontraron un sorprendente desconocimiento sobre la muerte médicamente asistida en estados donde la práctica es legal. Rutgers Health
Pero los números siguen sin cerrar para otro crítico.
A Plumer se le debería pagar por su experiencia profesional como doctora en medicina osteopática, y sus pacientes deberían asumir el costo de $1,000 de los medicamentos. Sin embargo, la documentación involucrada “no es particularmente onerosa”, según la doctora Lydia Dugdale, directora del Center for Clinical Medical Ethics (Centro de Ética Clínica Médica) de la Columbia Vagelos College of Physicians & Surgeons y co-directora de ética clínica del New York-Presbyterian Milstein Hospital.
Por otro lado, una consulta médica de rutina normalmente cuesta entre $600 y $800 sin seguro, afirma.
“Entre $5,000 y $8,000 parece un precio muy elevado para todo eso”, dijo Dugdale. “Entre $5,000 y $8,000 parece ser bastante lucrativo”.
No obstante, “si esto es lo que las personas abren como negocio y hacen a tiempo completo…”, agregó, “quiero decir, supongo que cobran lo que el mercado puede pagar, ¿verdad?”.
Otros se preguntan por qué Plumer cobra tarifas médicas por apoyo emocional y servicios administrativos, por muy bien empaquetados y aplicados con ternura que estén.
Pero Plumer desestima a los críticos.
Los servicios de conserje están en auge en todo el panorama médico: el número de consultas de este tipo en Estados Unidos creció un 83% entre 2018 y 2023. Más de 7,000 profesionales de la salud ofrecen ahora atención médica premium y personalizada a cambio de una tarifa anual o semestral. La práctica sigue siendo polémica, ya que los críticos afirman que agudiza las inequidades en salud y proporciona acceso exclusivo a las personas adineradas y privilegiadas.
Pero nadie está obligado a utilizar su consulta, dice Plumer.
“En la medicina estadounidense, la gente tiene opciones para todo”, afirmó.

Barbara Goodfriend posa junto a su hija, Carol Abolafia, y otros familiares y amigos en noviembre de 2024, poco antes de fallecer. Llevaba una mascarilla para ocultar los golpes que tenía en la cara tras una caída. Cortesía de Carol Abolafia
El día final
Cuando llegó el momento, Goodfriend recurrió a Plumer.
En el mejor de los casos, la ELA es una enfermedad cruel y sin cura. Pero ella fue diagnosticada con ELA de inicio bulbar, una forma particularmente agresiva y de rápida progresión que comienza en la cabeza y el cuello, en lugar de en las extremidades.
Abolafia le había preguntado al abogado de planificación patrimonial de su madre sobre la MAID. Él no tenía las respuestas, pero sabía quién podría tenerlas.

Plumer.
Muchos familiares de sus pacientes elogian sus servicios. Alaban su capacidad de respuesta y su consejería reflexiva. Y comparan sus honorarios con los astronómicos costos médicos que probablemente habrían enfrentado si sus seres queridos hubieran continuado con el tratamiento.
“Habría superado con creces el gasto de la doctora Plumer y los medicamentos”, dijo Abolafia, la hija de Goodfriend.
Un hombre cuya esposa fue paciente de Plumer tras años de lucha contra el cáncer de mama calificó el servicio de “perfecto en todos los sentidos”.
Plumer se encargó de cada detalle. Pasó horas conversando con su esposa y respondió cada pregunta que la pareja tuvo.
“Me pareció un precio muy justo”, dijo el hombre, quien pidió el anonimato para proteger su privacidad. “Ella se encargó de todo”.
En el último día de su esposa, el pasado septiembre, ella descansó reclinada en un sillón. Tomó el cóctel de MAID en dos sorbos, comió un par de cucharadas de sorbete de frambuesa y se quedó dormida. El perro de la familia, un encantador shih-poo, estaba sentado en su regazo. Su esposo le sostenía la mano con ternura.
Una hora después, la mujer que había amado durante 49 años se fue tranquilamente.
Fue el tipo de final en paz que Goodfriend también quería.

“¿La extraño terriblemente? Sí”, dice Carol Abolafia refiriéndose a su madre. “Desearía que se hubiera quedado un poco más? No. Porque eso no era lo que ella quería”. Joe Warner | Para NJ.com
Un par de semanas antes de su muerte programada, recibió en su casa a un flujo constante de amigos y familiares para despedirse. Los seres queridos pusieron música y compartieron recuerdos. Le entregaron notas en las que describían con cariño cuánto significaba para ellos.
“Cualquiera que fuera la nota, mi mamá los miraba, les tomaba la mano y decía: ‘Gracias. Esto significa tanto para mí. Guardaré esto por el resto de mi vida'”, dijo Abolafia, “que obviamente eran dos semanas o menos”.
Cuando Goodfriend se informó por primera vez sobre la MAID, le preguntó a Plumer: ¿Cómo sabré cuándo es el momento?
Pero las semanas posteriores a su diagnóstico estuvieron llenas de hitos familiares. Abolafia cumplió 60 años a finales de octubre. Su hija se había casado el mes anterior. Otra de sus hijas había actuado en un concierto en Filadelfia. Goodfriend estuvo presente en todos esos momentos.
De repente, ya no había más momentos importantes marcados en el calendario.
Era el momento, decidió Goodfriend.
Abolafia estaba destrozada ante la perspectiva de perder a su mejor amiga. Pero aun así respetó los deseos de su madre.
El 15 de noviembre, el día final de Goodfriend, Plumer estuvo presente. Ella o alguien de su consulta suele pasar al menos tres horas en una muerte acompañada. Algunas pueden durar mucho más, hasta 20 horas. Plumer calcula que dedica al menos 40 horas a cada paciente.
Goodfriend se saltó el desayuno. Tomó medicamento contra las náuseas y se cambió al jersey de fútbol americano genérico de su difunto esposo. Luego se metió a la cama.
Goodfriend sacó su iPhone y comenzó a grabar un video, moviendo lentamente la cámara para capturar a los siete familiares y amigos que la rodeaban entre lágrimas.

“Dice: ‘¡Miren a estas pobres almas!'”, contó Abolafia. “Y todos reíamos y llorábamos al mismo tiempo. Es una de las cosas más valiosas que tengo en mi teléfono de parte de ella”.
Goodfriend tomó el vaso y comenzó a beber el cóctel de MAID, que más comúnmente incluye un analgésico, un relajante muscular, un sedante y un antidepresivo. Plumer le ofreció un poco de sorbete de frambuesa.
Goodfriend luego comenzó a quedarse dormida, y su hija la recostó.
Murió en paz, antes de que la ELA pudiera arrebatarle su dignidad, o cualquier otra cosa.
Susan K. Livio, periodista de planta de NJ.com, contribuyó a este reportaje.
Esta traducción fue proporcionada por Americano Newspaper, en asociación con el Centro de Medios Cooperativos de la Universidad Estatal de Montclair, y cuenta con el apoyo financiero del Consorcio de Información Cívica de NJ. La historia fue escrita originalmente en inglés por NJ.com, y se vuelve a publicar en virtud de un acuerdo especial para compartir contenido a través del Servicio de noticias de traducción al español de NJ News Commons.

This translation was provided by Americano Newspaper, in association with the Center for Cooperative Media at Montclair State University, and is financially supported by the NJ Civic Information Consortium. The story was originally written in English by NJ.com, and is republished under a special content-sharing agreement through the NJ News Commons’ Spanish Translation News Service.


