
Musas Sonideras Mexicanas
Ciudad de México, 19 jul (EFE).-
Antes de la conformación de Musas Sonideras “los hombres se pasaban el micrófono como si fuera un trono”, asegura a EFE Marisol Mendoza, conocida como la ‘Musa Mayor’, quien hace 12 años desafió las dinastías masculinas del sonidero en los barrios de Ciudad de México y lo transformó en un legado feminista donde las mujeres mezclan música y bailan entre consignas.

Adonde van las Musas Sonideras va también la “lucha social”, afirma la ‘Musa Mayor’. Esa es la melodía que acompaña su cumbia, su tribal y su salsa en el mítico Salón Los Ángeles, en el corazón de Tlatelolco, un recinto que a mediados del siglo XX vio pasar a María Félix y Frida Kahlo, y que ahora recibe la novena edición del Musafest.

“Estás en la mera cumbia y, de repente, (tomas el micrófono) y dices: ‘Por más cumbia sin acoso, por más bailes sin violencia’, eso te va transformando, cambiando y cumbiando también”, relata Mendoza sobre cómo las mujeres han resignificado el movimiento sonidero, originado en 1960, en un espacio “poderoso y terapéutico”.

Fueron 50 musas las que se apoderaron de la tornamesa del legendario salón, entre ellas la actriz Alejandra Ley, y transformaron la lírica de Willie Colón en un baile donde la gente “soltó miedos y culpas” para “escuchar su propia voz”, cuenta la ‘Musa Mayor’.
La sensación que evocan las musas, explica, viene de un lugar “alegre” y a la vez “triste”, porque la música te pone a bailar, pero la letra viene cargada de la dureza de la “vida diaria” en México, donde un promedio de 10 mujeres son asesinadas al día.

El legado feminista
Haber ocupado el trono de esta dinastía tradicionalmente masculina, en la que Sonido Duende, padre de la ‘Musa Mayor’ es una de las leyendas, implicó pasar el micrófono a “todo lo femenino”: las chicas trans, “el ejército de lesbianas”, las abuelas, las cuidadoras y las niñas.

“Es bien bonito ver a las infancias cuando dicen: ‘Cuando crezca quiero ser una musa sonidera'”, cuenta Mendoza, quien lidera un “tsunami” de nuevas generaciones de mujeres, como la Diosa del Caos, Princesa Duende (su hija) o Sonido la Bruja, que están “rompiendo las reglas” del sonidero “purista” para reinventar el movimiento.
El legado de este “tsunami feminista” está marcado por la resistencia. Una lucha que comenzó en el barrio de Tepito durante la década de 1960 con Guadalupe Reyes, conocida como ‘La Socia’ y la primera sonidera del país, y que Mendoza continuó en 2014 junto con Jaqueline Malagón, ‘Sonido La Dama’, y Lupita ‘La Cigarrita’.

Para convertirse en la ‘Musa Mayor’, Marisol, de 47 años, tuvo que forjar un propio camino más allá de la dinastía Duende, encabezada por su padre, y desafiar los roles de género del mundo sonidero, que relegaban a las mujeres a enrollar cables, cargar bafles (un tipo de bocina) y cocinar.
“El micrófono, como el trono, se pasaba de hombre a hombre. Mi hermano lleva 30 años con el micrófono y mi papá nunca me vio tocar con Sonido Duende, en su propio equipo”, confiesa.

Pese a ello, hoy cientos de musas como América Neri, de nombre artístico la Diosa del Caos, heredan el legado de Mendoza, uno basado en el cuidado, la resistencia y la inclusión.
“Es una terapia grupal en la que todas compartimos nuestras raíces con la cumbia y nos atrevemos a tomar el micrófono para encontrar nuestra voz”, expone.

Neri y Mendoza coinciden en que las brechas persisten: las sonideras siguen “trabajando más y ganando menos”, además de “enfrentar la inseguridad al ocupar espacios de poder”.
“Pero cada vez que tomamos el micrófono, lo hacemos visible y damos un paso hacia adelante”, exclama la ‘Musa Mayor’.



