
Copa Mundial trae alegría a comunidades de Nueva Jersey en tiempos difíciles.
Mundial
Por Hannan Adely, NorthJersey.com
Los vítores estallan en restaurantes y cafés abarrotados. Las banderas ondean en las ventanillas de los autos. Las bocinas suenan mientras los aficionados invaden las calles, abrazándose, bailando y cantando.

En todo Nueva Jersey, la Copa Mundial ha transformado los vecindarios en escenarios de celebración. Durante unas horas, la carga que muchas familias llevan consigo —la agitación política, la guerra, el temor a la deportación— da paso a un sentimiento completamente diferente: la alegría colectiva.

Para las comunidades palestinas y haitianas en particular, esa alegría ha llegado en medio del dolor y la incertidumbre, ofreciendo un respiro temporal de las crisis que se desarrollan en el extranjero y en casa.
En South Paterson, donde las vigilias y protestas por los ataques de Israel a Gaza son habituales, las calles han adquirido una energía diferente. Multitudes se han congregado en restaurantes como Abu Rass y en los eventos de celebración organizados por la ciudad, para ver los partidos, animando no solo a los equipos, sino también a los países que consideran aliados culturales.
“La gente se volvió loca con estos partidos”, afirmó Adnan Abu Rass, chef y propietario del restaurante palestino, y añadió que Marruecos, Egipto y Jordania atrajeron a la mayor cantidad de público. “Con la situación en casa, la gente solo busca algo que la alegre”.
El entusiasmo también se extendió por la comunidad haitiana de Nueva Jersey, que celebra la primera participación de Haití en un Mundial en 52 años.

“Nos encanta el fútbol. Nos apasiona el fútbol”, comentó Yves-Mary Fontin, director de asuntos culturales de la Organización Cívica Haitiana de Paterson. “Con el fútbol nos olvidamos del estrés y de las cosas negativas de nuestras vidas. Nos vemos como hermanos y hermanas”.

Alegría y dolor
Cuando Fahim Abedrabbo, de Clifton, asistió al evento de celebración para ver el partido de Marruecos contra Brasil en Paterson el 13 de junio, se encontró rodeado por un mar de aficionados con camisetas rojas marroquíes.
“No se trata de política, se trata de la gente”, dijo Abedrabbo, un palestino-estadounidense. “La gente vive a través de la música, el deporte y la comida”.

“Esto nos permite evadirnos del genocidio en Palestina, de los bombardeos en el Líbano, de todo lo que está sucediendo políticamente”, señaló. “Es una forma de desahogarse, concentrarse en el deporte y unir a la comunidad”.
Al no haber ningún equipo palestino en el torneo, muchos se han volcado hacia países de Oriente Medio y el Norte de África, como Marruecos, Egipto y Jordania.
“La gente ha estado celebrando en las calles, desde Marruecos hasta Turquía”, afirmó. “Realmente nos une a todos”.
Mientras tanto, los haitianos-estadounidenses han estado entusiasmados con el tan esperado regreso de su selección nacional.

En una celebración para ver el partido el 19 de junio en el Estadio Hinchliffe, los aplausos más fuertes se escucharon cuando Derrick Etienne Jr., residente de Paterson y jugador de la selección haitiana, entró al campo.
“Sentimos que estábamos en el estadio con nuestro equipo”, contó Fontin. “Muchos tuvimos el privilegio de sentarnos juntos y animar”, añadió. “Fue un ambiente genial”.
Pero las celebraciones llegan en medio de tiempos difíciles.
En South Paterson, a veces llamada “Pequeña Palestina”, muchos han llorado a familiares muertos en la campaña militar israelí en Gaza y Cisjordania. En mayo, Paterson inauguró un monumento “Amor a Gaza” frente a la biblioteca de South Paterson en honor a las más de 73,000 personas que murieron en el territorio.
Los haitianos se enfrentan a otro tipo de incertidumbre. La administración Trump ha tomado medidas para poner fin al Estatus de Protección Temporal para muchos haitianos, lo que genera temores de deportación a un país sumido en la inestabilidad política y la violencia de las pandillas.

Orgullo por sus equipos
Sin embargo, en medio de esta tensión, la Copa Mundial se ha convertido en una fuente de orgullo.
Abedrabbo dijo que los palestino-estadounidenses se han sentido alentados por las muestras de solidaridad de jugadores y aficionados de todo el mundo, incluyendo aquellos que ondeaban banderas palestinas.
“En árabe hay un dicho: ‘Levanta la cabeza y el espíritu'”, relató. “Te llena de orgullo ver a gente de diferentes países apoyando a los palestinos”.
En las comunidades árabes —libanesas, jordanas, sirias y egipcias— los juegos también han avivado un sentimiento de identidad compartida, con los aficionados apoyando a los equipos regionales.
El orgullo también ha calado hondo entre los haitianos.

Derrick Etienne Jr., quien creció en Paterson, juega en la selección de Haití para el Mundial. Foto proporcionada por la Selección de Haití para el Mundial

Bergson Leneus, concejal haitiano-estadounidense de East Orange, afirmó que clasificarse para el Mundial se sintió como una victoria. Debido a la inestabilidad en Haití, la selección nacional pasó años entrenando fuera del país. Las restricciones de viaje a Estados Unidos también impidieron que muchos aficionados asistieran a los partidos en persona.
“El hecho de haber podido llegar hasta allí a pesar de todo lo que está pasando en Haití, a pesar de toda la agitación, fue la mayor alegría”, dijo Leneus. “Aunque perdimos, la gente bailaba. Estábamos tan felices de haberlo logrado”.
Leneus, quien fue el presentador de la celebración para ver el partido en Paterson, también organizó una reunión en East Orange para el partido de Haití contra Marruecos el 24 de junio.
“Ver a todos con sus banderas nacionales —haitianos, marroquíes, gente de la República Democrática del Congo, Brasil, Canadá— por un breve momento nos hizo sentir bien y nos ayudó a olvidarnos de todo lo que está pasando en casa y de todo lo que estamos afrontando aquí”.
Pero el alivio fue efímero.

El 25 de junio, un día después del último partido de Haití en el Mundial, la Corte Suprema de Estados Unidos confirmó la cancelación del Estatus de Protección Temporal (TPS) para los haitianos. Unas 350,000 personas podrían ser deportadas si no cuentan con otro estatus legal.
“Te despiertas y es una incredulidad y una conmoción absolutas”, dijo Leneus. “Fue un golpe durísimo”.
Fontin comentó que muchos en la comunidad están ansiosos por lo que vendrá después, especialmente una vez que termine el torneo.
“Una de mis preocupaciones”, señaló Fontin, “es después del 19 de julio, cuando termine la final. ¿Cómo estará mi comunidad cuando no tengan estos partidos para mantenerlos sonriendo?”.

Por ahora, dijo, continúan celebrando las últimas dos semanas del Mundial y la unión comunitaria que han encontrado.
“Muchos han dicho: ‘Necesitamos tener eventos como este más a menudo'”, dijo Fontin. “Nunca olvidaremos este momento”.
Esta traducción fue proporcionada por Reporte Hispano en asociación con el Centro de Medios Cooperativos de la Universidad Estatal de Montclair, y cuenta con el apoyo financiero del Consorcio de Información Cívica de NJ. La historia fue escrita originalmente en inglés por NorthJersey.com y se vuelve a publicar en virtud de un acuerdo especial para compartir contenido a través del Servicio de noticias de traducción al español de NJ News Commons.

This translation was provided by Reporte Hispano, in partnership with Montclair State University’s Center for Cooperative Media and is supported financially by the NJ Civic Information Consortium. The story was originally written in English by NorthJersey.com and is republished under a special content-sharing agreement through NJ News Commons’ Spanish Translation News Service.


